Sociología sin querer queriendo

Ya muchos lo han dicho: en este momento la relación del público con la información periodística publicada en Internet no es unilateral. Lo dijo Manuel Castells en Comunicación y Poder, y como usuarios de periodismo on-line lo sentimos. Podemos perfectamente escribirle al autor de la nota diciéndole que lo publicado tiene un error ortográfico, o un error en la información publicada. Incluso, cualquier cosa que publicamos en la red tiene el potencial de volverse masiva, y hasta viral.

Pero hay algo que me quedó sonando desde el final de la charla de hace una semana con Renata: ¿el rol de usuario internauta debe ser el mismo cuando ese usuario es un periodista? La respuesta a esa pregunta involucra un reto que involucra el término Convergencia. El blog Didáctica de la Comunicación, basándose en la definición de la Real Academia de la Lengua, la convergencia “establece que es la unión de dos o más cosas que confluyen en el mismo punto. Si aplicamos este termino a la comunicación el resultado nos adentra en un mundo en el que los medios se encuentran interconectados para ofrecer toda la información posible al usuario”.

Pero esa forma en que se interconectan medios a veces es difícil de controlar, y se terminan integrando los medios al periodista que a la vez es usuario de Internet, y de esa forma a veces más que el medio, es la misma persona la que se convierte en fuente de información. Los roles cambian, o se transforman dependiendo de la situación. La convergencia en este caso no sería solamente la unión de forma de comunicación o de labores (es editor de fotos, redactor, diagramador), también integraría el desempeño que se espera de una persona en el ámbito en el que se relaciona. Es una aplicación de lo que en sociología se llaman la teoría de roles, sólo que a una velocidad mucho mayor, con una responsabilidad mucho más difícil de detectar.

Por ejemplo, yo en la mañana, antes de salir al trabajo, saco la basura, al rato soy profesor, por la tarde periodista y en la noche, estudiante. En cada uno de los ámbitos se espera un comportamiento distinto. Seguramente, en mi vida privada, con mis amigos y familia, me comporto de una manera más íntima y en el trabajo y el estudio mucho más reservado respecto a mi vida privada, pero abierto a escuchar.

Con las redes sociales esa frontera entre lo privado y lo público se ha difumado un poco, lo que significa que las fronteras entre los roles también se difumina un poco.

En el caso del periodismo eso implica una gran responsabilidad, pero también un gran olfato: ¿en qué caso vale la pena responde con un chiste? En la clase con Renata vimos el caso  del comentario que criticaba el inglés de un post de El Tiempo, y la forma en la que el encargado de redes en ese momento respondió remitiéndose al personaje de los comerciales de Open English, Wachu.

Son comunes los casos de los periodistas que advierten en sus redes que su opinión no involucra al medio para el que trabajan, sobre todo en twitter.

En tiempos de convergencia mediática, y con la explosión de temas que se discuten en redes sociales, el gran reto es saber en qué momentos nuestro comportamiento en redes debe estar de acuerdo a nuestro rol como periodistas, o a nuestra manera coloquial de hablar.

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