Entre la plastilina y la complejidad

Uno de los principales problemas que fueron planteados en la sesión en la que nos acompañó Juan Fernando Giraldo es el de la desinformación de la mayoría de la población en Colombia y el papel que los medios pueden y deben desempeñar al respecto. En particular, se señaló que hay un gran desconocimiento sobre el mundo de la política y se preguntó si los medios deberían procurar que la gente se interese sobre dicho mundo y tenga un mejor entendimiento de él.

Para abordar esta pregunta es necesario distinguir dos grupos en los cuales se divide la gente desinformada. Por una parte están los sectores menos favorecidos de la sociedad, a los cuales les cuesta trabajo acceder a la información, ya sea porque no cuentan con las tecnologías requeridas, porque no tienen los conocimientos previos necesarios, porque no saben leer o porque no tienen una capacidad de comprensión suficiente. Por otra parte está el caso de aquellas personas que, a pesar de tener las capacidades y los recursos necesarios para acceder a la información y comprenderla, no están interesadas en hacerlo.

Si se acepta esta distinción, la pregunta planteada al comienzo debe ser reformulada y considerada de manera independiente para cada uno de los grupos en cuestión. Por supuesto, sería deseable que la brecha no existiera, pero dado que existe no es sensato exigirle a los medios que produzcan información para la población en general. En efecto, dadas las limitaciones de comprensión del primer grupo, no serviría de mucho que los medios se ocuparan exclusivamente de ofrecer explicaciones complejas sobre el panorama político, pues estas simplemente no serían digeribles por esa población. Sé que esto puede sonar paternalista y prepotente, pero creo que no es exagerado; estas limitaciones de comprensión son reales y se ven reflejadas, por ejemplo, en los resultados de los exámenes de Estado (y mucha de la población del primer grupo ni siquiera llega a presentarlos, pues no ha completado su educación secundaria e incluso primaria). Aquí los medios deben simplificar la información, lo que necesariamente baja la calidad y puede resultar en una caricatura de la realidad, al estilo del esquema simplificado sobre la formación de las nubes que Juan Fernando Giraldo presentó en la sesión.

Respecto al segundo grupo, creo que los medios deben poner a disposición la información, y pueden incluso tratar de persuadir a las personas de que esa información es relevante, pero también creo que hay un límite con respecto a lo que se puede lograr (y con respecto a lo que sería deseable lograr) de esta manera. Suponer que los medios deben llevar a que la mayoría de quienes pertenecen al segundo grupo consuman información sobre política es suponer que las preferencias de consumo de información de esta población están basadas en la ignorancia o la inconciencia, y esto implica ignorar que la elección de no consumir este tipo de información puede ser sensata desde ciertos puntos de vista, por ejemplo, desde el punto de vista de la salud mental. Podría argumentarse, sin embargo, que la necesidad de que la población esté informada reside en las consecuencias que esto tiene para el bienestar general, en la medida en que se podría suponer que, por ejemplo, una población mejor informada tomará mejores decisiones (eligiendo candidatos, etc.), las cuales se verán reflejadas en el bienestar común. Al respecto solo quisiera señalar que no es necesario que gran parte de la población esté informada para que haya un bienestar generalizado, y muestra de esto es que los países que ostentan los estándares más altos de calidad de vida (y en los que hay menos corrupción y la clase política está más enfocada hacia el bienestar común) hay tanta o más desinformación que en Colombia, tal como lo señaló Juan Fernando.

En conclusión, creo que, por una parte, no es sensato criticar a los medios por simplificar y caricaturizar la información, pues esto es necesario para que la información sea digerible para ciertos grupos de la población, y por otra, no es necesario (y tampoco es deseable) que la mayoría de la población esté al tanto de los pormenores de la vida política del país. Desde este punto de vista, la función de los medios es poner a disposición la información de manera que aquellos que estén interesados y tengan la capacidad puedan acceder a ella (esto da lugar, por supuesto, a nichos especializados y a medios especializados, entre los cuales un buen ejemplo es La Silla Vacía), pero pretender que los medios deben llevar este tipo de información especializada a toda la población es un despropósito, algo así como si, de repente, se decidiera que todas las personas deben estudiar Ciencia Política (o Derecho o Medicina o Artes Plásticas), y no solo aquellos que tienen la vocación y la capacidad para hacerlo.

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