Para el video-periodista

En el semestre descubrí Story Hunter. Este servicio conecta a los video-periodistas aficionados o profesionales de todo el mundo con publicistas y expertos que pueden aceptar (o rechazar) sus propuestas para una historia o documental. La tendencia es interesante porque no es para cualquier video-periodista ciudadano, sino para los que ya tienen un poco más de cancha y han producido material de no ficción de alta calidad.

El sistema de Story Hunter es muy particular. Una vez aceptado el periodista a la red, accede a una serie de tareas disponibles en su región, que son como oportunidades de trabajo. Se trata entonces de una empresa, muy meritocrática por cierto, especializada no sólo en periodismo de noticias e investigación sino también en géneros como el documental, el perfil y lo que ellos llaman “detrás de las noticias”.

Si Story Hunter aprueba una propuesta, no sólo le paga al profesional por producirla sino que ofrece sus servicios de producción y edición. Más que un estudio en línea, esta tendencia es interesante por el tipo de periodismo que fomenta y la comunidad de usuarios que crea alrededor.

Es un paso más hacia la “desmasificación” del periodismo, como diría Juan Fernando Giraldo, ya que permite que el buen contenido sea remunerado y llegue a medios masivos como The Economist, Miami Herald, AOL, Yahoo News, entre otros.

Otra de las grandes cualidades de esta tendencia es que la empresa se encarga de los asuntos de ventas y distribución. La historia puede estar en cualquier idioma y ellos la mueven en los niveles regional y global.


Nos quedamos con los hechos

Creo que los medios, especialmente los grandes, sí deben enseñar los ciudadanos sobre asuntos públicos. Podrían tener secciones que profundicen más sobre los temas públicos. Los grandes medios tienen el músculo financiero para incluir secciones más críticas, más analíticas, y por ende pedagógicas, donde no todo esté simplificado por el bien de las ventas.

Hay quienes argumentan que las secciones de opinión cumplen esa función. Que para eso están programas de radio como Hora 20. Sí, pero es innegable que hay muy pocos espacios donde los ciudadanos pueden entender de verdad un problema como, por ejemplo, la reforma a la salud. Pocos espacios donde los habitantes de Fómeque, Cundinamarca, puedan entender a fondo un asunto como el despido de personal del centro médico de ese municipio.

Estaríamos mejor servidos si consultáramos no sólo los grandes medios para obtener la información sino también pequeños medios – locales o de nicho – pensados para una determinada audiencia demográfica y donde se traten asuntos públicos en un lenguaje corriente, desde diferentes orillas pero con ángulos argumentados.

Juan Fernando Giraldo dice que es interesante observar cuándo las sociedades dejan de estar organizadas masivamente, cuándo nos alejamos del modelo de grandes medios de comunicación que forjan una opinión pública homogénea basada en la política nacional.

La siguiente reflexión la hago pensando en la población colombiana que no vive en las grandes ciudades. Creo que los medios regionales, aunque ofrecen información próxima y local, no generan una cultura de crítica, de debate; no generan la necesidad de seguirse informando. Los lectores aceptan la información, o tal vez ni la entienden, o incluso no les importa. Porque es demasiado ajena a sus vidas, o es local pero no es lo suficientemente reveladora o instructiva.

Gran parte de la información es la misma de Bogotá, regurgitada por Colprensa. Y estos medios regionales tampoco adoptan una línea editorial tan definida como para llevar a las personas a tomar una posición frente a los temas. El Pilón de Valledupar abre con “Alcaldía de Valledupar se comprometió a mejorar vereda ‘Las Casitas’”. Pero no hay una mirada crítica del periodista. Sí, el alcalde dijo que habrá una reunión de alto nivel, que se invertirá x plata, pero ¿será que sí? ¿Quién hará seguimiento? ¿Será que la plata sí está disponible, o que en realidad eso cuesta mucho más? ¿Qué tal que Emdupar, la empresa de servicios públicos de Valledupar, no respalde lo que la administración promete?

Otra noticia en la primera página de hoy en El Pilón: “Murió líder Wayúu al volcarse ambulancia en el Cesar”. Estalló una llanta en plena autopista. ¿Será que eso tiene algo que ver con los bajos presupuestos del sistema de salud local, o con la crisis de salud nacional? Nos quedamos sólo con los hechos.


Las noticias y los “prosumidores”

“La red es el espacio de la información especializada”. Pero aun así, aun con Google News cortando las noticias a nuestra medida, hay demasiada información en la red para la atención de una persona. Entonces nos confiamos de los grandes medios para que nos digan cuál es la información que vale la pena; necesitamos instituciones con autoridad para creer en la información. Y luego ocurre algo más: esa información de los grandes medios de noticias se transforma porque la gente sabe que todo el mundo le está poniendo atención. Deja de ser mera información y se convierte en conocimiento aceptado, en “lo público”, como dice el ensayo “Nuevas audiencias, nuevos ciudadanos”, de Jimena Zuluaga.

Entonces la función social de los grandes medios sigue siendo la misma de antes, construir lo público. Pero a esa función sociológica ahora está engranada la función de los “prosumidores” de replicar la información, de viralizarla, y entonces muchas cosas pueden ocurrir. Puede aparecer algún testigo en algún lado que la desmienta; se puede reconfirmar y volver escándalo global, puede generar nuevas revelaciones concomitantes o similares.

Pero lo más interesante es que esa interacción horizontal de los netizens puede hacer incluso que con esa información de veras pase algo: un cambio real, una decisión estatal, una nueva organización, un movimiento social, una ayuda humanitaria, una acción judicial, etc, hasta un golpe de estado. Los netizens hacen la red, y no olvidemos que entre ellos están las personas que toman las decisiones: los gobernantes, los legisladores, los jueces, los empresarios, los militares, los líderes sociales, los artistas, las figuras públicas; ellos también están en las redes y la van haciendo de acuerdo a sus intereses. Está demostrado que los seres humanos nos rodeamos de la información que es afín a la que ya tenemos, a los intereses y creencias que tenemos. Por ello, las redes también son roscas, aglomeraciones de poder. Clusters dominantes, no tan democráticos, no tan fluidos, de información autocensurada y curada que, aunque tiene poder horizontal, sigue siendo jerárquica.

El ensayo revela que la audiencia de Internet en Colombia constituye sólo el 37% de la población total. Ahora consideremos que de ese 37% de ciudadanos conectados, la mitad consume noticias por internet. Esa es más o menos la población que tiene poder de transformar “lo público”. Porque los que sólo ven televisión u oyen radio pero no usan internet (¿en serio son tantos?) son meros ciudadanos-contactados y su único poder de transformar la información es el voz a voz. Pero entonces ese 37%, o menos, que es citadino, que tiene cientos de amigos en Facebook, muchos seguidores en twitter e interactúa con la web constituye los clusters que tienen el poder de transformar la información.


fundeu.es

Hace poco conocí Fundeu.es, el portal de una iniciativa de la Agencia EFE y el Banco BBVA que trabaja por el buen uso del español en los medios de comunicación. Publican recomendaciones lingüísticas tomadas especialmente de medios periodísticos digitales, pues es allí donde han surgido nuevos usos y nuevas reglas.

Este año lanzaron el libro Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales, y, asesorados por la RAE, también gestionan el sitio Wikilengua.org, útil para quienes trabajan con el idioma y alimento para los amantes del español. Haga sus consultas.


Algunos retos al periodista de ahora

Las escuelas de periodismo, y también las empresas y entidades que contratan periodistas, tienen un gran desafío en esta era. Asegurar que sus periodistas polivalentes no pierdan entre tanta destreza nueva las cualidades imprescindibles: la ética, el cuestionamiento de los hechos, la actitud crítica, etc. Algunos directivos optan por un modelo de división del trabajo tipo zapatero a sus zapatos, para tener un especialista y un doliente en cada área: en fotografía, en community managing, en redacción…

Pero es verdad, como dice julianaduica, que cada vez hay más medios que, para competir y ser rentables, tienen que funcionar con modelos convergentes y emplear periodistas polivalentes.

Los retos son muchos. En su trabajo cotidiano, el periodista polivalente deberá: utilizar varios lenguajes periodísticos de acuerdo a la actividad o plataforma, hacer multi-tasking, defenderse con el inglés, etc. Mejor dicho: estar en constante adaptación a los cambios tecnológicos y tendencias.

Otro reto es la carrera por la inmediatez. Esa sí que es una de las exigencias de estos tiempos: el que piensa, pierde. Los riesgos de eso ya los hemos discutido, pero no deja de ser cosa de todos los días para los reporteros y de los pequeños y grandes medios. La carrera contra el tiempo es cada vez más vertiginosa. Hay más carga de trabajo y menos tiempo para profundizar, investigar, verificar.

Se me ocurre también el reto que pueda tener un periodista que quiere hacerse distinguir: que la gente lo reconozca por ser un duro en opinión de temas económicos, o en edición de video, en reportajes de denuncia, etc. Los que pudieron ir a la charla con Leila Guerreiro cuentan que ella dijo que no se puede ser tan bueno en tanta cosa. Y mi papá decía que uno no podía ser Pete Sampras y Daniel Baremboim a la vez.

Entonces preocupa que si todos los periodistas polivalentes hacen de todo, ninguno será muy bueno en nada. Sin embargo, el verdadero aficionado a la fotografía lo seguirá siendo a pesar de que también le toque identificar noticias y escribir y administrar una sección de un portal web.

Otro de los retos más grandes para el periodista de estos tiempos, paradójicamente, es tener una buena audiencia, y mantenerla. No es fácil sacar provecho de las nuevas tecnologías para ello. Hay que publicar muy buenos contenidos, constantemente, y hacer que se viralicen cada vez más. Hay tanta gente siguiendo a tanta gente que es difícil hacerse notar, y los cuartos de hora de fama en Youtube no suelen ir mucho más allá. Claro, los periodistas que están vinculados a un gigante mediático tienen ventaja. (Daniel Coronell no tendría los seguidores que tiene en Twitter si no fuera por su trabajo en Semana).

Cualquier persona con Twitter le puede arrebatar la chiva al reportero, cualquiera con celular circula una foto en las redes sociales, cualquiera con google se hace pasar por especialista. Pero no cualquiera tiene un millón de seguidores, como los tiene, por ejemplo, @RevistaSemana para hacer que esa chiva, esa foto o esa idea la reciba una audiencia significativa.

Hay excepciones, claro, como la de Yoani Sánchez, la bloguera cubana. O los periodistas que logran ser famosos a través de publicaciones literarias. Y otras, no sé. Pero son excepciones.


Al Jazeera America, ¿una isla?

La plata al servicio del periodismo

Independencia y calidad periodística, pocos comerciales, documentales, reportes especiales, corresponsales en lugares ignorados; esto pareciera ser, como dicen los anglosajones, “too good to be true”. Si la plata (casi) todo lo puede comprar, pues que nos regale el mejor periodismo televisivo del mundo.

Un periodismo serio, según los nuevos presentadores de Al Jazeera America, es lo que más les interesó de la nueva cadena. Incluso más serio que el de Al Jazeera English, donde sí hubo supuestas presiones del gobierno de Qatar. También dijeron que les interesa tener menos presión de los patrocinadores comerciales. Si es así, larga vida a Al Jazeera America; sería un bien público valiosísimo.

 Habrá que ver los ratings. Los gringos han demostrado ser, en gran parte, bastante miopes. Sesgados, retardatarios, caprichosos, prejuiciosos. Acuérdense de la reelección de George W. Bush, del Tea Party, de los defensores de las armas, de las desilusiones que nos ha causado el mismo Barack Obama. Cuánta audiencia, qué audiencia se logrará conquistar – sólo el tiempo lo dirá.

 La plata al servicio del mal

Me acuerdo de una película nominada a varios premios Oscar en 1999, con Al Pacino y Russel Crowe, The Insider, sobre un científico contratado por el gigante tabaquero Brown and Williamson que decide contar lo que las siete grandes tabaqueras sabían, pero no iban a revelar, sobre los peligros del cigarrillo.

En este caso, que es de la vida real, CBS tumbó la historia del programa 60 Minutes a último minuto porque la multinacional amenazó con una demanda multimillonaria, justificada por una cláusula de confidencialidad en el contrato  del científico. La historia completa nunca se conoció.

 Una Isla

Así, los peligros del súper-poder detrás de la cadena Al Jazeera America podrían ser muchos. Es ingenuo creer que tanta plata permitirá que se publiquen cosas que estén en detrimento directo de sí misma, como podría ser un caso de corrupción gubernamental o algo que ponga a las empresas energéticas de Qatar en desventaja financiera.

Por ahora no hay más remedio que confiar que Al Jazeera America sea, como su nombre en árabe indica – una isla.

pd.- Sobre la independencia de El Tiempo, ver la opinión de Samper Pizano: http://www.kienyke.com/politica/daniel-samper-pizano-entrevista/


snapjudgment.org

Un hombre que se define como un cuenta-cuentos, no un reportero, Glynn Washington es una de las estrellas de la radio pública norteamericana. Su programa Snap Judgement – también de NPR – suena en 250 estaciones de Estados Unidos y sus podcasts reciben más de medio millón de downloads al mes. El éxito de este programa es que ha logrado cautivar a la audiencia de minorías, algo revolucionario en vista de que la gran masa de oyentes de NPR es blanca y mayor de 50 años.

Las historias son más cortas que las de This American Life, y con más efectos de sonido y clips musicales. También ofrece historias de personas comunes, pero muchas veces curadas con un criterio específico en mente: que sean historias sobre decisiones cruciales de la vida.

Este es uno de los episodios más recomendados, titulado “Losing my religion”, que tiene cinco historias, dos de las cuales son del mismo Glynn Washington: http://snapjudgment.org/losing-my-religion