DJ-P

La propuesta del periodista como DJ supone cuestionamientos en torno a su rol de entretener, de elaborar narrativas solo para personas con gustos afines al propio que se reafirmen como individuos en las historias y de simplificar el oficio de escribir con relatos confortables que rara vez se desprenden de los puntos de vista distintos al propio.

En ese sentido es cierto que cualquier ciudadano puede graduarse de periodista dadas las posibilidades tecnológicas al alcance de la población, que permiten, por un lado, configurar audiencias y determinar más fácilmente los ‘insight’ de esas audiencias, y, por otro lado, producir contenidos en distintas narrativas y difundirlos dentro de comunidades con intereses particulares.

Sin embargo, no es del todo cierto que un ciudadano con una audiencia definida y contenidos “de consumo” pueda desempeñarse en una práctica periodística con todo lo que ella implica. En primer lugar, una ética encaminada al registro de nada más que la verdad, que registre los acontecimientos sin limitarse a exclusivamente a las primicias, sino que refleje a la sociedad misma para que esta se entienda sus contextos pasados, presentes y futuros, y así se forme un criterio que contemple por encima de todo el bien común y contribuya a la construcción democrática.

Y en segundo lugar, el periodismo implica una aptitud no digamos por la palabra sino por el lenguaje (que conlleva un entendimiento cultural, simbólico y político), que faculta a quien hace historias a hablar y comprender los avatares de la vida, de la historia, y no solo de lo que le gusta, pues esto reduce el oficio a una práctica individual que se arraiga a los juicios propios y, por supuesto, se desvincula del oficio de periodístico.

Si bien el periodista DJ se conecta con la audiencia porque logra discernir sus transformaciones y contexto, es fácil que caiga en lugares comunes en torno sus gustos y a los de la audiencia. Como le sucede al DJ que lleva su repertorio, pero los asistentes a la fiesta se le acercan para pedirle canciones. En consecuencia, el fin debe ser la coherencia de los contenidos que convoquen audiencias también coherentes.

En conclusión, las posibilidades para producir contenidos y tener audiencias están dadas para toda la ciudadanía, incluyendo a los periodistas. La discusión no debe enfocarse entonces en que los ciudadanos puedan desplazar a los periodistas. Magnífico si lo hacen teniendo clara la función del periodismo en el control democrático. Lo grave no es que cualquier ciudadano asuma un rol de periodista, sino que el periodista olvide su función y solo se dedique complacer audiencias.

Así como ser DJ no hace músico a nadie, producir contenidos y tener audiencias no convierte en periodista a ningún ciudadano. Aunque tenga título en Periodismo.

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No se empieza a ser DJ

El periodista siempre ha tenido que ser DJ. Iba a todo lado y pinchaba  cuanta cosa encontraba, a los pocos días, uno lo podía encontrar cubierto de papeles en una oficina seleccionando “la verdad”.  Así como los viejos DJ´s usaban acetatos y no dejaban de mezclar, este primer periodista DJ también tenía sus propios acetatos, que no son como los del DJ digital que tiene muchos puertos de descarga y sus álbumes y mezclas son tan variadas como su interés musical. El nuevo periodista aprendió del oficio y ahora tiene nuevos aparatos, eso es todo, hay un boom tecnológico que parece borrar algunas cosas tan elementales como que escribir y contar son en pocas palabras su verdadera labor.

Los amigos de la profundidad le ven más de 4 patas al asunto, logran ver flujos, convergencias, accesos, audiencias, nuevas alternativas etc. Pero se sigue contando, y se sigue escribiendo probablemente el oficio no es más que contar, a veces sin la necesidad de informar, cada uno lo va haciendo a su mejor o peor manera. Naturalmente que el ego de la época nos hace creer que somos muy diferentes al pasado. Sin embargo, el ego del presente lo  anulará el  del futuro con sus nuevas y sorprendentes cosas; resulta que no era tan diferente el digitador  computarizado  a la máquina de escribir y aunque las generaciones le llamaban cambio, hoy a 30 años de ellos se nos hacen un par de máquinas viejas y nada más… lo que queda es  las formas  que en el periodista siempre tendrán que ser variables, pero no dejarán de demostrar que el formato es el que cambia, la forma y el contenido también son factores cambiantes  dentro de si mismos, pero de todas maneras, no dejan de ser forma y contenido.

En cuanto al medio, la base, el formato, ese si que cambia igual que un peinado o un vestido  que  viene con nuevas utilidades para sostener esas formas y  esos contenidos, como unos tenis para prevenir que las rodillas se dañen (la carátula en papel celulosa de un libro) o las chaquetas impermeables ( aplicaciones para smartphone) o tela de satín para dormir como un delfín(curadores de contenidos por rss). Es  elección del buen DJ hacer gozar a la disco con su buena forma y su buen contenido no con su iphone.


El periodista DJ una voz propia

Tanto un periodista como un DJ tienen la capacidad de generar un movimiento de masas, claro cada uno en su particularidad.

El periodista con sus palabras logra mover sentimientos, mover ideales, mover lo mas profundo de las fibras de los lectores, escuchas, de su publico; Pueden influir en las tendencias sobre de votacion, niveles de favorabilidad de los gobiernos, temas culturales, en fin todos los aspectos de la vida.

Mientras que un DJ al poner su música también pude influir en nuestros sentimientos, si estamos contentos, vamos a una fiesta y oímos música que nos genera recuerdos y un sentido de cierta pertenencia a algo, y especialmente ellos modifican creaciones, dandoles un toque particular, mejorando muchas veces y llevando la musica a niveles diferentes.

Podemos decir que un periodista se convierte en un DJ dando pie a que su publico tenga recuerdos o sentimientos a través de la narración de historias propias o producidas a través de terceros, estamos creando sobre lo creado.

Creería que este formato transmedial es una evolución al periodismo mismo, decir algo basado en lo que otros dijeron, como nos expone Omar en su publicación, un periodista artista que permite que el periodismo tenga más facetas. Ser un periodista DJ me permite a través de otras voces tener una voz propia.


Periodistas “graduados” en la era digital

No es tan fácil graduarse de periodista en la “universidad de la era digital”. Contar historias no es lo mismo que contar buenas historias y esto es así,  con o sin sin internet. El criterio del periodista  y la veracidad de la información diferencia al ciudadano del común con un verdadero periodista. Sin embargo, es cierto que Internet  está brindando nuevas herramientas al periodismo. Por ejemplo, el periodista ahora puede asumir el  papel de “curador” de la información.  Así,  aunque ya no tiene el monopolio de las fuentes,  tiene la posibilidad de potenciar la información que recibe e imprimir su punto de vista  en los procesos de agregación de contenido.

El ciudadano no se convierte o “gradúa” de periodista tan solo por abrir su cuenta en Twitter, el verdadero periodista: contrasta fuentes, genera noticias, encuentra historias y nuevas formas de narrar, aprovechando las posibilidades que aparecen con la nueva era digital.  Políticos y  viejos periodistas han “Metido  las patas” constantemente con la nuevas redes sociales y  canales digitales. Esta situación sí podría representar  un verdadero riego. Recordemos cuantos famosos ha matado twitter, como el  conocido  caso de Javier Solano, exgeneral de la OTAN, cuando mató a Ariel Sharon. Tuvo luego que salir públicamente a pedir disculpas en repetidas ocasiones.

Verificar las fuentes, investigar  y salir a sentir las  historias,  seguirá siempre siendo prioridad en el periodismo. Los radio, la televisión y la prensa tendrán que reinventarse y adaptarse a  las nuevas narrativas de hipervínculos, Sin embargo,  aunque las herramientas tecnológicas han traído cambios y han convertido a los ciudadanos en participantes más activos en  la construcción de la noticia, por ejemplo, como fuentes, como críticos e incluso como generadores  de contenidos, habrán cosas que nunca  dejarán de identificar al periodista: la disciplina, la ética y el olfato.


Nuevos medios para un viejo oficio

En la inauguración de la Maestría en Periodismo de la Universidad del Rosario, Alejandro Santos dijo que hacer buen periodismo ya no es suficiente. “También hay que saber cómo funcionan los medios digitales, las redes sociales, conocer cómo están cambiando constantemente los comportamientos de los lectores de los medios impresos y de los consumidores de los medios digitales”. Para esto los grandes medios contratan expertos. Y adoptan nuevas formas de contar historias, como con el live blog, la multimedia, el video, los foros, los hashtags, los chats, las encuestas.

Sin embargo, en El Periodista DJ, Omar Rincón confunde a los usuarios con los periodistas. Los usuarios, o ciudadanos, no son periodistas por el solo hecho de tener la posibilidad de comunicar y tener audiencias. Los periodistas, que en su mayoría todavía trabajan para algún medio, ejercen un oficio. Su misión: publicar la verdad. Y su recompensa: la credibilidad.

Y confunde las redes sociales con el periodismo. “No hay géneros sino plataformas y aplicaciones… no hay fuentes sino colectivos que informan… no hay objetividad sino subjetividades que construyen verdades” (p.19). Todo esto es cierto de las redes, no necesariamente del oficio del periodismo.

Otra cosa distinta es que periodistas a veces pequen de todo lo que Omar critica en el artículo, de la banalización, de lo superficial y efímero, del espectáculo por encima de la información. Y en muchos casos eso es cierto de la radio colombiana, que trata de vender un espectáculo a toda costa; y es evidente en el duopolio de la televisión nacional, donde los ratings importan más que el contenido, e incluso es cierto en algunos medios digitales.

Pero no podemos negar que todavía hay periodismo responsable, el que busca la objetividad, y que muchos medios tradicionales – incluso los digitales – todavía explotan mercados para la crónica, para el análisis, el debate y la opinión.  Está El Espectador, El Tiempo (señalo el editorial), Semana, El Malpensante, Credencial, Bocas, Arcadia, Soho, La Silla Vacía, otros más pequeños, muchos regionales, y algunos espacios de la radio y algunos espacios de la televisión.

Todos los días, periodistas en Bogotá, y valientes periodistas regionales todavía hacen lo que han hecho siempre: desenterrar los hechos, que es lo primero. Y, en segundo lugar, narrar, analizar y opinar.


El mal DJ.

Podríamos estar de acuerdo en que los ciudadanos han logrado arrebatarle el oficio de narrar historias a los medios de comunicación y a los periodistas. Es así, siempre y cuando se asuma que un día cualquiera, una persona cualquiera, por un medio cualquiera –virtual, que es lo actual, lo fácil y lo eficaz–, puede proponer una historia, contarla con las narrativas más oportunas, hacerla llegar a muchos y generar reacciones o multiplicaciones al por mayor.

Pero vale pensar en eso de “narrar”. Particularmente no creo que haya sido con el internet y sus herramientas que los medios y los periodistas perdieron el lugar de las narraciones. Jamás ha habido tal lugar en la medida en que la narración no les pertenece ni les ha pertenecido con exclusividad. Cualquier expresión humana de memoria, de recordación, de figuración, hace posible una narración; y hace mucho tiempo que los abuelos narran historias, así como los chamanes y sacerdotes, los altavoces de pueblo y los libros.

No puede decirse entonces que a los medios les corresponde la narración de historias ni que son solo ellos los que se han abierto camino en esa labor; la narración periodística ha convivido siempre con los demás géneros narrativos que surgen de los múltiples lenguajes de ilación de acontecimientos, lenguajes que no solo preceden la incursión de la red y las tecnologías actuales, sino que además han llegado a generar mayor conmoción y movilización que los mediatizados por los medios clásicos. Read the rest of this entry »


El periodista pastor

Nunca se escribió para las masas. Tal vez lo hicieron Pulitzer y Hearst haciendo precisamente lo que Omar dice que está pasando con algunos medios: sangre y espectáculo. De resto, el periodista, prepotente, alzando pecho, decía representar al pueblo. Ciego. Ignorante. En el mejor de los casos cínico. No se daba cuenta que escribía para la élite.

Hay una defensa. Se puede seguir diciendo que se escribía para los ciudadanos. Y para cultivar la democracia. Como son conceptos que van cambiando con el tiempo, aquella prensa decimonónica que no se dirigía a las mujeres o a las minorías estaba trabajando por la democracia; al fin y al cabo el ciudadano era hombre, blanco, ilustrado y con plata.

Entonces sí, el ciudadano hace mejores historias, siempre lo ha hecho. Solo que antes el ciudadano era el periodista prepotente. Ahora el espectro que abarca tal palabra es mayor y tener un título colgado en la pared no le da la autoridad para decir que lo hace mejor, o que sigue haciendo lo que nunca hizo: escribir para las masas.

Hay un camino por tomar, una forma de hacer que esa educación sobrevalorada de las escuelas de periodismo dé frutos. El periodista puede llegar a ser un cura, un chamán, un pastor. En todas las culturas este tipo de persona es el que explica la religión a las masas, a esas que no tienen contacto con los seres sobrenaturales, incomprensibles.

Hoy la religión es la ciencia, la inalcanzable segunda ley de la termodinámica, el inexplicable Bosón de Higgs, las palabrerías de la psicología social.

Como un pastor que explica las palabras del señor, el periodista puede explicar las palabras de la ciencia. Pero así como el chamán era un cuentero, y el pastor cristiano canta, salta y toca guitarra, el periodista tiene que aprender a narrar de diversas maneras, o de lo contrario seguirá perdiendo su rebaño.