Divulgar y democratizar

El auge de las comunicaciones por internet ha permitido pensar que las nuevas tecnologías significan la democratización de la información, que el público cada vez tiene más acceso y más directo a la ésta, sin embargo, constantemente estamos siendo espectadores de una comunidad poco informada y poco interesada en la actualidad. Efectivamente, la facilidad de transmitir información por internet no garantiza el acceso ni la comprensión de lo que se informa: tanto en ciudad como (especialmente) en regiones, hay una gran porción de la población que no tiene la forma de acceder a internet pero incluso teniendo la manera, buena parte del público consumidor de información no la comprende. Como lo evidenció Juan Fernando Giraldo en su intervención en clase, la realidad del panorama político colombiano es algo que el público desconoce lo que lo lleva a malinterpretar y a no entender la información que recibe por parte de los medios.

¿De quién es la responsabilidad? El deber social de estar informado llega hasta la capacidad de la gente para acceder a la información y comprenderla; por eso, el periodista no sólo debe limitarse a transmitir hechos sino también a contextualizarlos y a hacer un análisis de los mismos tal que pueda realmente haber un diálogo entre la realidad nacional y la audiencia.

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Las noticias y los “prosumidores”

“La red es el espacio de la información especializada”. Pero aun así, aun con Google News cortando las noticias a nuestra medida, hay demasiada información en la red para la atención de una persona. Entonces nos confiamos de los grandes medios para que nos digan cuál es la información que vale la pena; necesitamos instituciones con autoridad para creer en la información. Y luego ocurre algo más: esa información de los grandes medios de noticias se transforma porque la gente sabe que todo el mundo le está poniendo atención. Deja de ser mera información y se convierte en conocimiento aceptado, en “lo público”, como dice el ensayo “Nuevas audiencias, nuevos ciudadanos”, de Jimena Zuluaga.

Entonces la función social de los grandes medios sigue siendo la misma de antes, construir lo público. Pero a esa función sociológica ahora está engranada la función de los “prosumidores” de replicar la información, de viralizarla, y entonces muchas cosas pueden ocurrir. Puede aparecer algún testigo en algún lado que la desmienta; se puede reconfirmar y volver escándalo global, puede generar nuevas revelaciones concomitantes o similares.

Pero lo más interesante es que esa interacción horizontal de los netizens puede hacer incluso que con esa información de veras pase algo: un cambio real, una decisión estatal, una nueva organización, un movimiento social, una ayuda humanitaria, una acción judicial, etc, hasta un golpe de estado. Los netizens hacen la red, y no olvidemos que entre ellos están las personas que toman las decisiones: los gobernantes, los legisladores, los jueces, los empresarios, los militares, los líderes sociales, los artistas, las figuras públicas; ellos también están en las redes y la van haciendo de acuerdo a sus intereses. Está demostrado que los seres humanos nos rodeamos de la información que es afín a la que ya tenemos, a los intereses y creencias que tenemos. Por ello, las redes también son roscas, aglomeraciones de poder. Clusters dominantes, no tan democráticos, no tan fluidos, de información autocensurada y curada que, aunque tiene poder horizontal, sigue siendo jerárquica.

El ensayo revela que la audiencia de Internet en Colombia constituye sólo el 37% de la población total. Ahora consideremos que de ese 37% de ciudadanos conectados, la mitad consume noticias por internet. Esa es más o menos la población que tiene poder de transformar “lo público”. Porque los que sólo ven televisión u oyen radio pero no usan internet (¿en serio son tantos?) son meros ciudadanos-contactados y su único poder de transformar la información es el voz a voz. Pero entonces ese 37%, o menos, que es citadino, que tiene cientos de amigos en Facebook, muchos seguidores en twitter e interactúa con la web constituye los clusters que tienen el poder de transformar la información.


Internet en el tiempo de la comedia irreverente

En Internet y el cerebro: una guía para periodistas, de Alberto Cairo, se encuentra el recorrido de lo que puede ser una lectura pesimista del presente. Y como de este presente no puede hablarse si pensar en la internet, podría decirse que se trata de un compendio de lo más pesimista frente a la web y frente a sus usuarios, que empiezan a tratarse con valoración menor, frente a generaciones de información del pasado, desde el punto de vista de la generación de conocimiento.

El acierto del artículo es apuntar hacia aquello que en cierta forma desvirtúa las motivaciones de ese pesimismo, sobre todo develando los mitos que sostienen la idea de que las generaciones de información actuales son superficiales, sin pretensión de constancia: que no profundizan, que no generan contexto, que no construyen relaciones interpersonales, que son dispersas, etc. Considero que parte del acierto de esta desmitificación surge del rescate de la “inteligencia”, no como un fenómeno único y con un solo significado, sino como uno polifónico, contextual y temporal, que puede ser reinventada y revalorada según el tiempo, y sobre todo según como cierto conjunto de pensadores le den significados desde sus herramientas y sus prácticas. Read the rest of this entry »


El bruto soy yo

Brutos siempre ha habido. El tiempo contemporáneo ha traído más brutos, pero no por la tecnología, no por Internet, sino por el simple hecho que somos más personas en el mundo.

Cada edad histórica ha traído nuevos tipos de brutos. Cuando el hombre comenzó a sembrar, el bruto era el que aún cazaba y no conocía los tiempos de la siembra. La modernidad, con la creciente especialización creo aún más brutos, cada uno en las áreas que no manejaba.

Hoy, para el joven, bruta es la mamá que no logra hacer funcionar el I-pad. Para el intelectual, bruto es el que no entiende a Foucault… o el que decide leerlo. Y peor, le cree.

Entonces para cada época el ignorante es el que no entiende  las nuevas tecnologías. Y para cada disciplina el que no entiende lo que requiere años de especialización. Read the rest of this entry »


Los módulos y las nuevas audiencias

Entre las características de las nuevas audiencias en Internet se encuentran las siguientes:

  • La gente tiende a buscar contenidos breves (es decir, no está dispuesta a gastar una gran cantidad de tiempo en un mismo contenido y tiende a saltar fácilmente de un contenido a otro).
  • La gente participa. Crea contenidos propios e interactúa con quienes producen los contenidos que consume.

A continuación quiero plantear algunas recomendaciones que se deberían tener en cuenta para sacarle provecho a estas características. Read the rest of this entry »


El ciudadano emisor-receptor

Así podrían llamarse —o definirse— las nuevas audiencias de las que nos habla el ensayo de Jimena Zuluaga. Con la llegada de internet y de los medios digitales, este elemento pasivo de la ecuación se convirtió en el protagonista del proceso comunicativo, ganando peso no solo como receptor sino también como emisor de información.

A través de comentarios, chats, blogs, imágenes, videos y redes sociales, entre otras, el público se ha transformado en un constante y monstruoso productor de contenidos tanto para los medios de comunicación como para otros ciudadanos, formando casi que un ciclo vicioso en el que la comunidad genera contenidos a partir de información provista por ella misma.

Este ciudadano emisor-receptor, que se nutre día a día de las herramientas tecnológicas de expresión y participación, ha decidido ser creador y difusor de sus propias notas; este cibernauta proactivo ha desplazado al emisor y al receptor de mensajes pasivos y anónimos dirigidos a masas y se ha bautizado a sí mismo como usuario que interactúa con sus semejantes y opina, hasta el punto de cuestionar el rol y el valor del periodista y de su oficio.

De local a global, de informativo a social, de grupal a individual, de anónimo a conocido, de pasivo a activo, este ciudadano emisor-receptor, más sofisticado y exigente que nunca —y todo señala a que lo seguirá siendo cada vez más—, se ha posicionado como centro de un nuevo espacio de diálogo que le exige al periodismo más creatividad y profesionalismo que nunca.


Reflexión no. 7: las audiencias

Como no discutimos en clase las lecturas propuestas para el tema de “audiencias y usuarios”, esta semana los invito a hacer un comentario respecto de las lecturas –cualquiera de las dos, o las dos: el ensayo “Nuevas audiencias, nuevos ciudadanos” (pp. 242-262) o el post de Alberto Cairo “Internet y el cerebro”.