Informar y enseñar: periodistas en el rol de la paz

Tiene sentido preguntarse si un periodista tiene una labor pedagógica o simplemente  informativa cuando ejerce su labor en un país en conflicto.

La “vocación política” del ciudadano depende de circunstancias sociales, económicas y culturales mientras que en  el periodista, la política hace parte de la escencia de su oficio. En Colombia, 158 periodistas fueron amenazados en el 2012. Convivimos con el miedo, la estigmatización de municipios enteros: ·“si lo mataron, seguro fue  que  algo hizo, se metió con quien no debía“, la normalización de la violencia, el reclutamiento de niñas niños y adolescentes y la desconfianza en las instituciones del Estado; son algunas de las condiciones que han perimitido la prolongación del conflicto.   Entonces, es deber del periodista informar y favorecer la toma de decisiones  de los ciudadanos. Pero al mismo tiempo, el conocimiento de las problematicas con profundidad le permite hacer un trabajo pedagógico en la promoción de una cultura de paz cuando produce la noticia. Desde esta perspectiva, surgen las cátedras sobre cubrimiento  responsale del conflicto armado y las capacitaciones en temas de víctimas y ex combatientes que han tenido lugar en todo el país. Por esto, la labor pedagógica termina estándo inmersa en la forma en que se presenta la información, las fuentes que se consulta y el seguimiento.


Periodismo responsable

Consumir información de cualquier tipo, noticiosa, crítica o también light, genera una reacción en la audiencia, genera opinión, criterio y una visión de país; en efecto, los medios son un medio entre la realidad menos inmediata y el individuo. Por supuesto, el acceso a internet permite dos facilidades principales: por un lado que los usuarios, consumidores activos de contenido periodístico, escojan el tipo de información a la que quieren acceder y por lo tanto se vuelvan selectivos en el tipo de audiencia que quieren ser, y por otro lado, se elimina la mediación de los medios nacionales o locales y un acceso más directo al contenido.

Sin embargo, la realidad es compleja; en un país como Colombia, con más de 50 años en conflicto, con un panorama político y social determinado, en su mayor parte, por una historia larga de guerra, los medios no pueden permitirse generar contenido irresponsable. Por supuesto, el valor ético del contenido no puede ser determinado por una persona (y de ser así, yo no soy esa persona) y no puede ser filtrado por prejuicios moralistas pero sí debe tener en cuenta que los medios forman opinión pública, y forman a la población consumidora a nivel de social, es decir, en relación con la nación.

La objetividad no existe, producir textos es un acto humano y es imposible desligarse de las subjetividad que como individuos tenemos a la hora de percibir la realidad y de representarla, sin embargo, el trabajo de un buen periodista es crear educación en las audiencias, explicar contextos, no dejar de mostrar versiones diferentes de los hechos, documentarse, verificar la información: cosas que deberían ser mínimas a la hora de generar contenidos. La responsabilidad está en saber leer de manera crítica la realidad colombiana y, sabiendo que no se puede ser objetivo, lograr documentarse lo suficiente para presentársela al público.

La idea es educar. La audiencia no se las sabe todas y no tiene por qué sabérselas. Entender una publicación requiere contexto y lograr entender un hecho de manera crítica no es posible si el periodista no tiene capacidad analítica pero también la capacidad de comunicarlo. Ahí está el rol pedagógico del periodismo.


Nos quedamos con los hechos

Creo que los medios, especialmente los grandes, sí deben enseñar los ciudadanos sobre asuntos públicos. Podrían tener secciones que profundicen más sobre los temas públicos. Los grandes medios tienen el músculo financiero para incluir secciones más críticas, más analíticas, y por ende pedagógicas, donde no todo esté simplificado por el bien de las ventas.

Hay quienes argumentan que las secciones de opinión cumplen esa función. Que para eso están programas de radio como Hora 20. Sí, pero es innegable que hay muy pocos espacios donde los ciudadanos pueden entender de verdad un problema como, por ejemplo, la reforma a la salud. Pocos espacios donde los habitantes de Fómeque, Cundinamarca, puedan entender a fondo un asunto como el despido de personal del centro médico de ese municipio.

Estaríamos mejor servidos si consultáramos no sólo los grandes medios para obtener la información sino también pequeños medios – locales o de nicho – pensados para una determinada audiencia demográfica y donde se traten asuntos públicos en un lenguaje corriente, desde diferentes orillas pero con ángulos argumentados.

Juan Fernando Giraldo dice que es interesante observar cuándo las sociedades dejan de estar organizadas masivamente, cuándo nos alejamos del modelo de grandes medios de comunicación que forjan una opinión pública homogénea basada en la política nacional.

La siguiente reflexión la hago pensando en la población colombiana que no vive en las grandes ciudades. Creo que los medios regionales, aunque ofrecen información próxima y local, no generan una cultura de crítica, de debate; no generan la necesidad de seguirse informando. Los lectores aceptan la información, o tal vez ni la entienden, o incluso no les importa. Porque es demasiado ajena a sus vidas, o es local pero no es lo suficientemente reveladora o instructiva.

Gran parte de la información es la misma de Bogotá, regurgitada por Colprensa. Y estos medios regionales tampoco adoptan una línea editorial tan definida como para llevar a las personas a tomar una posición frente a los temas. El Pilón de Valledupar abre con “Alcaldía de Valledupar se comprometió a mejorar vereda ‘Las Casitas’”. Pero no hay una mirada crítica del periodista. Sí, el alcalde dijo que habrá una reunión de alto nivel, que se invertirá x plata, pero ¿será que sí? ¿Quién hará seguimiento? ¿Será que la plata sí está disponible, o que en realidad eso cuesta mucho más? ¿Qué tal que Emdupar, la empresa de servicios públicos de Valledupar, no respalde lo que la administración promete?

Otra noticia en la primera página de hoy en El Pilón: “Murió líder Wayúu al volcarse ambulancia en el Cesar”. Estalló una llanta en plena autopista. ¿Será que eso tiene algo que ver con los bajos presupuestos del sistema de salud local, o con la crisis de salud nacional? Nos quedamos sólo con los hechos.


El periodismo como proveedor de herramientas

Desde sus inicios, esta disciplina ha sido pieza fundamental en el desarrollo de las sociedades; gracias a él, es posible saber lo que sucedió en el pasado, lo que registra el presente y lo que bosqueja el futuro. No obstante, en las últimas décadas ha cobrado especial importancia, hasta el punto de convertirse en “el cuarto poder”.

Gracias al dibujo que el periodista hace de la sociedad, los individuos adoptan una posición determinada frente a una persona o un grupo, frente a un hecho o un sentir. El periodismo en la democracia guarda relación directa con el saber y con el poder, genera conocimiento público y esta es la base sobre la que se fundamenta la acción política del pueblo: la valoración, la opinión y, en última instancia, el voto y la movilización. Es por esto que la veracidad y la transparencia del periodista y los medios es verdaderamente trascendental.

Así las cosas, es responsabilidad del periodista comunicar las labores que tiendan al bien común, generar conciencia y advertir a la sociedad las potenciales consecuencias que dichas labores pueden acarrear. En últimas, el periodismo ha de suministrar las suficientes herramientas informativas y cognitivas para que las relaciones del ser humano con otros hombres y con el mundo que lo rodea sean cada vez más de fraternidad y armonía.

Esto constituye un llamado de alerta para periodistas y medios a ofrecer información selecta y clara, contextualizada y confirmada, que pueda ser aprovechada por una audiencia que cada vez se ve más tentada por la “desinformación voluntaria”, por la desconexión de la esfera pública.


Entre la plastilina y la complejidad

Uno de los principales problemas que fueron planteados en la sesión en la que nos acompañó Juan Fernando Giraldo es el de la desinformación de la mayoría de la población en Colombia y el papel que los medios pueden y deben desempeñar al respecto. En particular, se señaló que hay un gran desconocimiento sobre el mundo de la política y se preguntó si los medios deberían procurar que la gente se interese sobre dicho mundo y tenga un mejor entendimiento de él.

Para abordar esta pregunta es necesario distinguir dos grupos en los cuales se divide la gente desinformada. Por una parte están los sectores menos favorecidos de la sociedad, a los cuales les cuesta trabajo acceder a la información, ya sea porque no cuentan con las tecnologías requeridas, porque no tienen los conocimientos previos necesarios, porque no saben leer o porque no tienen una capacidad de comprensión suficiente. Por otra parte está el caso de aquellas personas que, a pesar de tener las capacidades y los recursos necesarios para acceder a la información y comprenderla, no están interesadas en hacerlo. Read the rest of this entry »


Posiciones tibias: mediocre discusión pública

Imagínense una discusión entre personas con posiciones tibias. O peor, con posiciones camufladas, escondidas, disimuladas: es bastante mediocre. Y bastante hipócrita, además.

Es así la discusión pública que arman los medios de comunicación en Colombia. El modelo de negocio que los lleva a necesitar cada vez más pauta y suscriptores, que los obsesiona con acumular dinero, ha hecho que las líneas editoriales se desdibujen en superficialidades y desvíos de atención que benefician a un pequeño grupo selecto.

Los medios colombianos deben volver a construir una línea editorial. Pero, primero deben recordar cuál es su función en la sociedad, cuál es su razón de ser inicial. Esto, seguido del recuerdo que deben tener también los periodistas por su vocación, por las razones que los mueven a escribir, a publicar, que los apasionan por lo que hacen. Aunque difícil y a largo plazo, es un proceso que va gestándose en las nuevas generaciones que empezamos a retomar el sentido de la vida, a actuar en coherencia con nuestro pensamiento crítico.

Cuando tienen una línea editorial pensada, decidida, basada en principios claros y concretos, los medios “enseñan” indirectamente. Es decir, contribuyen a una buena discusión pública, dan argumentos fuertes y afirmaciones certeras y razonables, lo que en conjunto e indirectamente beneficia al ciudadano, quien saca sus propias conclusiones.


El pedagogo vs el señalador

Durante todo el semestre hemos venido tocando indirectamente el rol de los medios en el debate público y su función con las audiencias. En varias discusiones hablamos que la noción de objetividad está llamada a recoger, es imposible realmente ser objetivo, porque el ángulo y la mirada propia de cada periodista implica –en sí mismo– un nivel de subjetividad. Creo que lo importante acá es que las prácticas periodísticas tengan un alto nivel ético, que se vea reflejado en el número y pertinencia  las fuentes consultadas. Por esto creo que estoy de acuerdo y en desacuerdo con la tesis de Juan Fernando en torno al papel político de los medios.

De acuerdo porque creo que si un medio de entrada le dice a su audiencia, que están a favor o en contra de X o Y visión, el lector/usuario/prosumidor tendrá una premisa para saber con qué distancia puede acceder a la información que le dan. Sin embargo, mi desacuerdo está en que –como lo vimos en clase– la gran mayoría de los ciudadanos no tiene un conocimiento que le permita distinguir entre X y Y, y aún más importante no les interesa. No creo que todo el mundo tenga que saber sobre política, pero creo que lo que sí tiene que existir en una mirada periodística que le permita a ese “incauto” ciudadano informarse sin ningún tipo de parcialización.

El periodismo siempre ha estado ligado a grandes poderes (políticos, religiosos o económicos), y probablemente algo de la desinformación y desinterés de buena parte de la población, se deba a estas alianzas que han hecho que se crea (legitime) que la historia es una y ninguna otra. Creo que el periodismo debe fomentar una mirada crítica de la realidad, más no creerse el alfabetizador de la sociedad, tal vez esa idea del periodista pedagogo es lo que no me cuadra. Yo preferiría llamarlo un “resaltador”, un “señalador”de la realidad de un contexto en un momento específico. Creo que lo importante es construir historias que pongan en  contexto diversas miradas, las cuales permitirán que el ciudadano vea las posibilidades y elija algo de la bandeja que se le presenta.